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Biografía del Cardenal Pablo Muñoz Vega

“PARA SER SABIO, EL HOMBRE NECESITARIA APRENDER TODOS LOS LIBROS: PARA SER VIRTUOSO, LE BASTA CON UNO: “ EL EVANGELIO”. M.J.L. “DESEARIA QUE LA JUVENTUD DE NUESTRO TIEMPO CULTIVARA INTENSAMENTE DOS AMORES: EL AMOR A JESUCRISTO EN SU IGLESIA Y EL AMOR A SU PATRIA”.

Palabras que el Cardenal dio en la entrevista a la maestra Sor Olga Feijoo, porque para el sabio carchense el amor y la fe son la columna vertebral de un pueblo.

El insigne Cardenal Pablo Muñoz Vega, nació un 22 de Mayo de 1903 en la hermosa ciudad de Mira, la tierra del “Novillo de Bombas” antiguamente se le conoció como Chontahuasi. Sus padres fueron: Don Antonio Salustiano Muñoz Carrera y Doña Josefa Vega. De niño fue el consentido de sus hermanas Zoila, Eloísa y Rosa María, quienes junto a sus padres le proporcionaron mucho amor y supieron cultivar valores de respeto, autoestima y amor al prójimo .Sus primeras letras las recibió en su hogar, tuvo un pequeño contacto con la escuela, pero su formación primaria la hizo en su misma casa, su padre fue su mejor profesor. Sus estudios secundarios, los inicia en el colegio “San Ignacio de Loyola” de Cotocollao en Quito 1915. El joven Pablo continúa sus estudios y es admitido por el Noviciado de la Compañía de Jesús; el 27 de noviembre de 1918 es aceptado como Novicio y el 27 de febrero de 1920 pronuncia sus “Primeros votos” religiosos, destacándose por su gran inteligencia y serenidad, luego continúa sus estudios en Humanidades y de Retórica, Gramática Superior, latina y castellana, Griego, Historia Universal e Inglés. Sus estudios superiores los realiza con diez compañeros, preparándose en Filosofía, Física y Mineralogía, estudios realizados por el año 1923 – 1926, estos conocimientos los llevó a ser profesor del colegio “Cotocollao” , luego fue llamado para ser profesor del colegio “San Felipe” de Riobamba. (1926-1928).

Siempre demostró ser un hombre sediento de conocimientos y superación, así en el año 1929 inicia un viaje por Europa a continuar sus estudios de Teología en Bélgica, Roma y España; en septiembre de 1932 ingresa a la Universidad Gregoriana de Roma, universidad que le dio una gran acogida, el 16 de julio de 1933, recibe la Ordenación Sacerdotal en la ciudad de Roma, este suceso marcó una huella de felicidad y bondad en su corazón, así lo siente y lo manifiesta cuando pronuncia: “El Señor me eligió entre millares, es un gran misterio de amor, para mí y para mis padres”. En 1934 intervino en la universidad Gregoriana, su discurso fue transparente, motivador y con un profundo mensaje, dos mil personas escuchaban atentamente el tema “Tesis Teológica sobre Cristo Redentor”, en este discurso demostraba su inmensa capacidad oratoria, profesores, académicos, aplaudieron su intervención. En 1936 termina sus estudios y pasa a ser catedrático de la Universidad Gregoriana, ganándose un espacio y admiración en tan prestigiosa institución educativa. En 1937 obtiene el grado de Doctorado y el título de “Magíster Aggregatus” y al año siguiente es catedrático de Filosofía y Cosmología. En 1942 fue profesor de San Agustín, aquí los estudiantes se preparan en doctorado, por tal razón afrontaba una gran responsabilidad.

Su constante preparación y superación lo llevó a ocupar cargos muy importantes fuera y dentro del Ecuador, así podemos señalar algunos: En 1955 es nombrado Rector del Colegio Pío Latinoamericano, nombramiento de alta responsabilidad siendo el primer iberoamericano que ha ocupado este importante cargo. En 1957, es nombrado Rector de la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma hasta 1963, cargo que lo recibe por parte de S.S. Pío XII. Para el Carchi y el Ecuador es un verdadero orgullo saber que un mireño llegó a ser rector de una de las mejores universidades del mundo. El 17 de febrero de 1964, es nombrado Coadjutor Sedi Datusde la Arquidiócesis de Quito. El 26 de junio de 1967 es nombrado Arzobispo de la ciudad de San Francisco de Quito, cargo en el cual despliega una enorme labor humanitaria, realizando la campaña social “Llagas Sociales”, beneficiando a la gente e instituciones más humildes y necesitadas. El 30 de abril de 1969, su Santidad Paulo VI impone el birrete cardenalicio al mireño Arzobispo de Quito, convirtiéndose en el segundo ecuatoriano que ocupó este cargo. El 25 de julio de 1983 la Pontificia Universidad Católica, rinde un justo homenaje por sus “Bodas de Oro Sacerdotales”.

Capítulo aparte merece su labor social con MUNERA en la cual el Cardenal dice: “ MUNERA no significa, una maratón para buscar fondos, sino la búsqueda de una respuesta que nazca del corazón del hombre y no simplemente de sus bolsillos.” Además creó la Radio Católica Nacional del Ecuador; siempre confesó ser un ferviente admirador de San Agustín, así lo demostró en sus escritos al cual le dedica y se basa su pensamiento y filosofía; entre las obras más importantes podemos anotar las siguientes: “Psicología de la conversión de San Agustín”, “Las Teorías de S. Alberto Magno”, “Introducción a la síntesis de San Agustín”, “Casualidad Filosófica y determinismo científico”, “Estudio del hombre como introducción al problema de lo sobrenatural”, “Fe e inteligencia en la génesis de la ciencia moderna”, “Fe y política”, entre otras obras.

Además fue Vicepresidente del CELAM, Presidente de la CEE y creó el movimiento AUCAL y el hogar “Sagrado Corazón de Jesús”. Primer Presidente de la Conferencia Ecuatoriana de Religiosos. Como buen mireño, nunca dejó de amar a su tierra natal; en 1964 el pueblo de Mira le realiza un apoteósico recibimiento a su hijo predilecto, el mismo que bendijo la corona imperial y colocó sobre las sienes de nuestra “Señora de la Caridad”, imagen muy venerada por los mireños y gente del Carchi e Imbabura, declarándola “Reina del Carchi”.

El Cardenal por su larga trayectoria al servicio de la religión y de la educación fue estimulado con muchos homenajes, sin embargo en él prevaleció en su personalidad la sencillez, propia de aquellos que piensan que la mejor riqueza es la espiritual. Resultaría muy extenso nombrar las justas condecoraciones que recibió el cardenal, por tal motivo, sólo mencionaremos una de ellas como muestra: “Condecoración de la Gran Cruz”.

Un 2 de junio de 1994 el cardenal parte a la inmensidad, allá donde sólo los buenos llegan, donde Jesús y un coro de ángeles abren la puerta para aquellos que en la tierra dejaron una obra trascendental y que sólo la historia los juzgará. Su nombre lleva instituciones de prestigio como: El Colegio Particular “Pablo Muñoz Vega” ubicado en la ciudad de San Gabriel y la escuela ubicada en la comunidad San Francisco de Tablas, cantón Mira. La prestigiosa Cooperativa de Ahorro y Crédito Pablo Muñoz Vega”, ubicada en la ciudad de Tulcán, con sus sucursales en San Gabriel, Mira, Cristóbal Colón, que fuera fundada el 29 de julio de 1964. Estas instituciones llevan el ideal del Cardenal en su permanente superación.

“Encontrar un amor, por tanto que esté no solamente en palabras, sino en la dedicación de uno mismo a la formación propia… HACE FALTA ESTUDIAR MUCHO PARA SERVIR A LA PATRIA”.

Gentileza de: Luis Rosero Mora

Protagonistas de Nuestra Tierra Biografías

Colección Rumichaca Nro:42.

Discurso en honor del Cardenal Pablo Muñoz Vega, con motivo de la condecoración POST-MORTEM

 

Autor: Henry Medina V. Quito, julio de 1994.

Discurso presentado en la eucaristía celebrada en honor del Cardenal Pablo Muñoz Vega en la Catedral Metropolitana de Quito, con motivo de la condecoración post-mortem otorgada por las Fuerzas Armadas del Ecuador al conmemorarse un mes de su fallecimiento.

Sin duda, una de las facetas más desconocidas e interesantes de los personajes que gracias a su particular talento, virtualidades, compromiso social y labor en beneficio de la colectividad dejaron una huella histórica, es la que tiene que ver con su cotidianidad más inmediata, sus vivencias más íntimas, la relación que ellos mantuvieron con sus más cercanos parientes y allegados. Faceta familiar ésta, no por menos espectacular menos relevante para comprender mejor, a través del conocimiento de su praxis de cada día, la dimensión humana presente en los pequeños y grandes detalles de los cuales se nutre la existencia.

Hombre sensible, afectivo y solidario, el Cardenal Pablo Muñoz Vega manifestó desde los más tempranos años de infancia en su pueblo natal, Mira, un entrañable amor por sus padres, hermanas y demás familiares. Este cariño filial y fraterno, esa solidaridad efectiva y silenciosa –características muestras de su espíritu sabio y modesto- siempre supieron encontrar un espacio para hacerse patentes de múltiples maneras a través de su larga vida, a despecho de las enormes distancias que lo separaban de su querida patria, de las grandes y complejas responsabilidades que le fueron asignadas primero como sacerdote jesuita y luego como jerarca de la Iglesia Ecuatoriana, y de las limitantes autoimpuestas generosamente por un accionar religioso-social comprometido con la opción preferencial por los pobres.

Su vocación por el sacerdocio, alimentada de una solidísima convicción sobre el camino de vida a seguir, exigirían de este único hijo varón de los esposos Antonio Muñoz Carrera y Josefa Vega una temprana separación familiar en aquellos difíciles años del Ecuador de principios del siglo XX. Dicho alejamiento, sin embargo, fue siempre asumido por el niño aspirante a jesuita, y por su familia, como un necesario sacrificio en pro de nobles ideales. Todo el esfuerzo posible habría pues de ser desplegado, y todo logro y avance en su proceso de formación y ejercicio eclesial se convertiría en gozo compartido a través de la comunicación escrita o la confidencia sincera.

Durante su larga permanencia en el continente europeo constituyó para él una preocupación constante –permanentemente manifiesta en la correspondencia mantenida con su padre- la situación social, económica, cultural y política de nuestro país y, en particular, de quienes por su condición de pobreza enfrentan con mayor desventaja las consecuencias del subdesarollo y la injusta distribución de la riqueza social. Europa, antes que alejarlo espiritual y emocionalmente de la realidad ecuatoriana, auxilió directa e indirectamente al futuro Cardenal en la forja de una visión crítica y objetiva de los problemas nacionales, faceta que años más tarde conocerían muchos de los personajes que en algún momento crítico solicitaron sus pronunciamientos, orientación o apoyo.

Hombre amable y jovial, no escatimó su tiempo en atender en su despacho a todos quienes lo requerirían, sea cual fuere su condición social y la trascendencia del asunto o problema a ser resuelto. Dueño de excelente memoria y buen sentido del humor, el recuerdo relativo a personas, situaciones, circunstancias y anécdotas de su vida afloraban de tiempo en tiempo a sus labios como para hacer notar otros matices de su personalidad, para evidenciar que el desarrollo intelectual, las grandes responsabilidades o jerarquías no excluyen, de ninguna manera, los más sencillos recuerdos y sentimientos que día a día se incorporan y enriquecen la historia personal del ser humano.

Un espíritu sensible, una mente abierta al conocimiento de las más variadas realidades, no podía dejar de comprender que en cualquier sociedad, grupo social o familiar coexisten diferentes tendencias y posiciones, muchas veces antagónicas, pero que sólo el diálogo sereno y sincero, la tolerancia y la intercomunicación constante constituyen los únicos caminos para la auténtica solución de los conflictos.

Rememorar al Cardenal Pablo Muñoz Vega es para nosotros no solamente traer a la memoria y a la conversación hogareña su fecunda trayectoria, es también recrear su presencia como necesario referente de vida. Son insuficientes las palabras para expresar nuestra gratitud a su bondadosa solidaridad en los momentos más difíciles y a su permanente vinculación familiar a través de múltiples maneras.

Al cumplirse un mes de ésta, su dolorosa ausencia, expresamos nuestro más sincero reconocimiento a Su Santidad, el Papa Juan Pablo II, al Presidente de la República del Ecuador y Ministros de Estado, Municipios y Prefecturas, autoridades civiles, eclesiásticas y militares, organizaciones sociales, instituciones educativas públicas y privadas, empresas, y en fin a todas las familias y personas que nos hicieron llegar muestras de solidaridad y condolencia. Agradecemos, a la vez, a todas y cada una de las personas e instituciones, tanto seglares como religiosas, que apoyaron su labor pastoral y a sus más caros proyectos en pro de la comunidad católica del país y de los sectores poblacionales más necesitados de urgente reivindicación.

Nuestro agradecimiento a las Fuerzas Armadas por esta condecoración post- mortem que simboliza de gran manera su voluntad institucional de rendir homenaje a un prelado que, a través del ejemplo, escritos, labor académica y pastoral, siempre luchó por la paz, por una verdadera paz nacida de una auténtica justicia social.

Galería fotográfica del Msc. Pabl Muñoz Vega

Nuestro agradecimiento al Ant. Henry Medina Vallejo quien ha proporcionado gran parte del material fotográfico de esta galería.

 

 

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